Con el plan de movilidad que acaba de aprobar el Ayuntamiento de la capital, el sistema de transporte se hará más rígido, pobre y complejo

EL Granada, como cualquier ciudad, es un espacio donde las personas viven y trabajan y donde existen un número importante de actividades (comercio, ocio, restauración...), servicios (colegios, hospitales, centros administrativos) y equipamientos (zonas verdes, deportivas, culturales). La comunicación entre unas y otros se establece en gran medida a través de los distintos medios de transporte, motorizados o no, colectivos o individuales, públicos o privados, de cuyo buen funcionamiento depende que una ciudad sea habitable, cómoda, acogedora.

Por eso es tan importante contar con un plan de movilidad útil, adecuado, que optimice y compatibilice todos los recursos que afectan a la movilidad urbana, teniendo en cuenta, además, que Granada es el centro de una extensa área metropolitana en la que se producen diariamente importantes flujos de tráfico.

El Ayuntamiento de Granada acaba de aprobar inicialmente su plan de movilidad urbana sostenible (PMUS), un documento de más de 800 páginas que, entre otras cosas, pretende mejorar el transporte público colectivo. Pero, para los que usamos de forma habitual este medio de transporte, el nuevo modelo que se pretende implantar de forma inminente plantea serias dudas acerca de dicha mejora. En primer lugar, las líneas existentes se reducen, se recorta el recorrido de otras y casi todas convergen en dos intercambiadores, la Caleta o el Palacio de Congresos, donde hay que dejar el autobús que hemos cogido en los barrios y seguir nuestro destino cogiendo la nueva línea de alta capacidad (LAC), única que recorrerá la zona entre ambos puntos (Avenida Constitución-Gran Vía-Reyes Católicos-Puerta Real-Acera del Darro). Si nuestro destino está fuera del recorrido de la LAC, deberemos coger una nueva línea. Tomando por ejemplo la línea 8, si ahora para ir desde la primera parada en la zona norte (Calle Moreno Dávila) hasta la última en el Zaidín (final de la Avenida Dílar) sólo cogemos un autobús, cuando el PMUS esté vigente, tendremos que coger tres distintos, y eso si no vamos a una de las zonas que ahora se quedan sin cobertura, con lo cual, además, deberemos andar.

Con el sistema actual también funcionan los transbordos: podemos bajarnos de cualquier bus y coger otro que vaya a nuestra zona de destino. ¿Qué cambiará con el nuevo plan de movilidad? Que vayamos donde vayamos, tenemos que bajarnos de las líneas que salen de los barrios y coger por obligación la LAC y viceversa. Es decir, un sistema que ahora funciona de forma fluida y con una variedad importante de opciones de transbordo, se hace más rígido y pobre. Y el sistema se complicará cuando entre en funcionamiento el metro puesto que implicará la desaparición de la línea M, única que hasta esos momentos pasará por el Camino de Ronda.

¿Por qué no dejar los cambios para cuando funcione el metro? ¿Por qué no articular las líneas de bus en torno al recorrido del metro, dejando que sigan funcionando con su recorrido actual las líneas transversales norte-sur y estableciendo otras nuevas que conecten de este a oeste tanto el norte como el sur del municipio, sin pasar por el centro de la ciudad? Es una contradicción que el PMUS se queje del predominio de las líneas radiales en la actualidad y que proponga un sistema que agudiza esas líneas radiales. Por el contrario, las líneas transversales este-oeste comunicarían zonas que en estos momentos carecen de cobertura y conectarían las cabeceras de todas las líneas radiales, sin olvidar que los aparcamientos disuasorios que el Ayuntamiento tiene previstos en PMUS están situados en los límites de la zona urbana, sirviendo estas líneas transversales este-oeste también como lanzaderas entre estos aparcamientos disuasorios y las líneas radiales.

Es verdad que en estos momentos la Avenida de la Constitución, Gran Vía y Reyes Católico soportan el paso de la mayoría de las 27 líneas existentes, pero el paso de una LAC en cada dirección cada tres minutos no va a disminuir el número de vehículos que pasen, aunque sean de una sola línea, aunque si disminuirá la contaminación ambiental al ser los nuevos vehículos de la LAC híbridos, pero esto también ocurrirá si se sustituyen los vehículos de las líneas actuales por motores híbridos.

Para finalizar, existen dos elementos objetivos indicadores de que el plan propuesto para el transporte público colectivo en el PMUS no mejorará la situación actual:

En primer lugar, comparar el mapa de los recorridos actuales con los previstos

En segundo lugar, la empresa Rober, concesionaria del transporte público colectivo granadino, tiene previsto el despido de 75 trabajadores, hecho que viene a ratificar lo que a simple vista se observa en el punto anterior: un recorte en el recorrido de las líneas actuales y, algo que no se observa, un aumento en la frecuencia de paso: aunque en los 800 famosos folios se hable de una frecuencia media de 10 minutos, los trabajadores de Rober han denunciado que se pasará de los 125 servicios diarios actuales a 83, lo que sin duda hará que el tiempo de espera en las paradas sea casi el doble que ahora.

Así pues, este plan, en lo referente al transporte público colectivo, sólo es sostenible para el Ayuntamiento que disminuye la aportación municipal al reducir el número de kilómetros que recorrerán los autobuses, pero no es sostenible socialmente pues supone una pérdida de cobertura respecto al sistema actual, un aumento de los tiempos de desplazamiento así como una incomodidad añadida, especialmente para las personas con movilidad reducida, al hacer obligatorio el transbordo en casi todos los recorridos. Y todo esto pagando por el viaje uno de los precios más caros de España.


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