Gracias a un impresionante informe realizado por la Asociación de Vecinos Albayda, tengo conocimiento de que la estación de ferrocarril que conocemos, la de la Avda. Andaluces y la anterior, dos únicas estaciones que ha tenido nuestra ciudad desde la llegada del tren a Granada en 1890, tenían un carácter provisional. Ejemplo patente del concepto de provisionalidad que se tiene por estas tierras. Así las cosas, no llegaba a alcanzar que no hubiera un acuerdo inmediato para la realización, por fin, de una estación definitiva a la altura de lo que esta ciudad es, máxime, cuando el proyecto de Moneo es, sencillamente, espléndido.

Cándido de mí, pensé que tras los impedimentos que manifestaba el Ayuntamiento sólo se escondía un rifi-rafe, uno más, de los que gusta mantener el alcalde para dar la impresión de que algo hace y sacar rédito electoral de su inveterado victimismo frente a otras administraciones. Craso error el mío, aunque no por completo. Algo hay de la afición del inepto mandamás en dar patadas a las instituciones que no son de su cuerda en las posaderas de los ciudadanos, dado el culebrón en que está convirtiendo la nueva estación, pero no sólo eso.

El desconcertante, “sí, pero, no, aunque…” con respecto a la estación, que resumiría perfectamente la postura municipal, escondía, simple y llanamente, su incapacidad manifiesta de gestionar esta ciudad. Pasados los tiempos en que, con “pólvora de rey”, dilapidaron recursos públicos en el bodrio de Gran Vía, rematada con bandera incluida, por poner sólo un ejemplo tan grosero como cotidiano, ya acarician la madera cada vez que meten la mano en el cajón correspondiente a los haberes públicos. Claro, reconocerlo así pondría sobre la mesa su “gestión” cuando pretende revalidar su tortura para con la ciudad. Sin embargo, es esa la única razón de su insensato comportamiento en un tema de capital importancia.

La “propuesta” municipal con respecto a la estación es de juzgado de guardia, pues supone un robo a los ciudadanos de más de la mitad del espacio que estaba previsto en el proyecto para zonas verdes y uso público. Como se han fundido lo fundible y endeudado hasta las orejas, sólo se les ocurre ocupar espacios de uso público para la creación de plusvalías a través de, muy imaginativos ellos, incrementar con más cemento y ladrillo una zona hambrienta de verde y oxígeno.

Que no haya zonas verdes en el centro, qué más da; que los niños no puedan jugar, a quién importa. Coches oficiales, muchos y blindados que son ellos muy importantes. ¡Qué vergüenza!

 

 


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